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English: In Him Are Hid All the Treasures of Wisdom and Knowledge

© Desiring God

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Por John Piper sobre Jesucristo
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Traducción por E. G.


Colosenses 2:3

Una razón para admirar y confiar en Jesús por encima de todas las demás personas es que sabe más que nadie. Conoce a todas las personas profundamente, sus corazones y sus pensamientos. «Porque los conocía a todos» (Juan 2:24). «Tú, Señor, . . . que conoces los corazones de todos» (Hechos 1: 24). «Conociendo Jesús los pensamientos de ellos, dijo: ‘¿Por qué pensáis mal en vuestros corazones?’» (Mateo 9:4). No hay nadie que confunda a Jesús. Ningún pensamiento o acción es ininteligible para él. Él conoce su origen y fin. Los más enrevesados psicóticos y los más abstrusos genios se le revelan y se exponen a su entendimiento. Él comprende cada movimiento de sus mentes.

Jesús no solo conoce a todas las personas profundamente, tal como eran y tal como son hoy, sabe lo que la gente pensará y hará mañana. Sabe todas las cosas que sucederán. «Jesús, sabiendo todas las cosas que le habían de sobrevenir» (Juan 18:4). Sobre la base de este conocimiento, predijo muchas cosas que sus amigos y enemigos harían. «[Jesús] dijo: Pero hay algunos de vosotros que no creen porque Jesús sabía desde el principio quiénes eran los que no creían y quién lo había de entregar» (Juan 6:64). «Desde ahora», dijo, «os lo digo antes que suceda, para que cuando suceda creáis que yo soy». (Juan 13:19). La razón por la que predijo esto, explica, es para que pudiéramos saber que «Él es». Es ¿qué? Que es el divino Hijo de Dios. «Yo soy» es el nombre de Dios en Éxodo 3:14 y la designación de la deidad en Isaías 43:10. Jesús sabe todo lo que sucederá, y para ayudar a nuestra fe, él dice, «Ya os lo he dicho antes» (Mateo 24:25).

Jesús simplemente lo sabe todo. Aunque sus discípulos dijeron, realmente: «Ahora entendemos que sabes todas las cosas y no necesitas que nadie te pregunte; por esto creemos que has salido de Dios» (Juan 16:30). El grado de conocimiento de Jesús fue una garantía convincente para justificar la fe en su origen divino. Al final de su tiempo en la Tierra Jesús insistió a Pedro, «Simón, hijo de Jonás, ¿me amas?» Pedro se entristeció al oír por tercera vez: ¿Me amas? y le respondió: Señor, tú lo sabes todo; tú sabes que te amo» (Juan 21:17). Pedro no sacó en conclusión del conocimiento de Jesús de su propio corazón que Él conocía todas las cosas; más bien se quedó con la idea de que el conocimiento de Jesús de su corazón provenía de que Él conocía todas las cosas; más bien, llegó a la conclusión viendo la omnisciencia de Jesús de que Él conocía su corazón. «Tú lo sabes todo» es la afirmación general e inequívoca por la que el Evangelio de Juan se incrusta en nuestras mentes.

Lo mejor que puede decirse del conocimiento de Jesús es que Él conoce a Dios de una forma perfecta. Nosotros conocemos a Dios parcialmente y de manera imperfecta. Jesús lo conoce como ningún otro ser sabe de Él. Él lo conoce de la forma en que una persona omnisciente se conoce a sí misma. «Todas las cosas me fueron entregadas por mi Padre; y nadie conoce al Hijo, sino el Padre, ni nadie conoce al Padre, sino el Hijo y aquel a quien el Hijo se lo quiera revelar» (Mateo 11:27). Nadie sino Jesús conoce al Padre de una forma inmediata, completa y perfecta. Nuestro conocimiento del Padre proviene enteramente de la gracia de la revelación de Jesús; es derivada y parcial e imperfecta.

No se puede decir más sobre el conocimiento de Jesús por encima de que Él conoce a Dios perfectamente. Toda realidad fuera de Dios es comparada de una manera simplista con la realidad infinita que es Dios. Lo que Dios ha hecho es como un juguete en comparación con la complejidad y profundidad de lo que es Dios. Todas las ciencias que rozan la superficie del universo creado son meros abecedarios en comparación con el conocimiento exhaustivo del universo creado de Cristo. Y este conocimiento del universo creado es como una gota de rocío sobre una brizna de hierba en comparación con el océano de conocimiento que Jesús tiene del ser mismo de Dios. Dios es infinito. El universo es finito. El conocimiento de lo infinito es infinito. Por lo tanto, conocer a Dios, como Jesús conoce a Dios, es tener el conocimiento infinito.

Por consiguiente, debemos permitirnos postrarnos y adorar a Jesucristo. Si nos impresiona la erudición del hombre y los logros del conocimiento científico, entonces no nos hagamos los tontos pregonando un diminuto trino e ignorando la explosión del trueno de la omnisciencia. Solo Jesús es digno de nuestra mayor admiración. Solo Jesús es digno de nuestra confianza. Él puede mostrarnos el Padre (Mateo 11:27). Él puede darnos una irresistible sabiduría (Lucas 21:15). Él puede ver cómo hacer que todas las cosas funcionen para nuestro bien (Romanos 8:28). Ni queriendo se equivocaría en cualquiera de sus juicios sobre cualquier cosa (Juan 8:16). Enseña el camino de Dios con infalible veracidad (Mateo 22:16). Confíe en Él. Admírelo. Sígalo.

Sobrecogido en Jesús,

Pastor John


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